Política, la forma más fácil de vivir la vida de rico en Argentina

Comedores, vuelos de lujo, choferes privados y hasta su propia peluquería. Dicha opulencia no es exclusiva de la realeza y las celebridades, también es propia de la clase política argentina.

Comedores, vuelos de lujo, choferes privados y hasta su propia peluquería. Dicha opulencia no es exclusiva de la realeza y las celebridades, también es propia de la clase política argentina.

En repetidas ocasiones los políticos argentinos han hablado del gasto que representa para su país el mantenimiento de la clase política, muchos de ellos se han referido a este como un porcentaje mínimo del PIB y que el presupuesto no se ve afectado, sin embargo, los datos dicen lo contrario.

Según estudios basados en datos recopilados de la Secretaria de Desarrollo Social, presupuestos nacionales, etc. por el economista argentino Roberto Cachanoshky, el Senado tenía asignado un presupuesto de aproximadamente (según el tipo de cambio de pesos argentinos a dólares americanos de marzo del 2021) USD 136 millones para 2020, esto significa un costo operativo por cada senador de USD 157.243 al mes y que la Cámara de Diputados se le asignó un presupuesto de USD 131 millones, con un costo operativo por diputado de USD 42,884 al mes. Si se tiene en cuenta que el sueldo mínimo es de casi 300 dólares, lo que un diputado le cuesta al país es más de 100 veces dicha cantidad.

Cuando una nación gasta semejante cuantía de dinero en sus políticos debería esperarse un desempeño admirable de estos, sin embargo, según el sitio oficial de Diputados Argentina en 2019 el congreso tuvo únicamente 12 sesiones, por si fuera poco, no fue hasta mediados de mayo que este se adaptó a la pandemia (que llevaba más de un mes entonces) y se dispuso a tener su primera sesión virtual. Es esta misma clase política la que ha sido protagonista de casos virales como el del diputado que fue sorprendido durmiendo en plena sesión o el famoso escándalo sexual sucedido en medio de una videoconferencia.

La política en Argentina se ha vuelto un negocio, donde los responsables de administrar las riquezas del país han decidido ponerse en primer lugar convirtiendo sus cargos en una excusa para vaciar las arcas públicas y poder llevar una vida de lujos. Un ejemplo aún más claro es el de la vicepresidenta argentina, y presidenta del Senado, Cristina Kirchner, quien, si bien ha renunciado a su sueldo como vicepresidenta, mantiene el salario y beneficios que le corresponden por su otro cargo. Además, tiene una jubilación vitalicia exenta de impuestos por haber sido jefa de estado y recibe la pensión de su difunto esposo Néstor Kirchner. Esto da como resultado un total de más de USD 24,000 mensuales que el gobierno argentino gasta en la mandataria sin tener en cuenta los beneficios, lo que serían aproximadamente 85 veces el salario mínimo. Recibió también USD 1.2 millones por pensiones atrasadas. Todo esto ha generado controversias en cuanto a lo legal, dado que la Constitución argentina establece en el artículo 92 que tanto el presidente como el vicepresidente de la republica tendrán que abstenerse de percibir otro ingreso público además del derivado de sus cargos.

Si bien sus ingresos hablan por sí solos, el historial de gastos de la vicepresidenta argentina es en algunos casos igual de controversial o más. Según un artículo del ABC de España: en 2014 Sergio Hovaghimian, dependiente de la joyería Jean-Pierre en Buenos Aires, estimaba los gastos en accesorios de CFK en casi USD 3 millones aproximadamente. Aseguró además que estas adquisiciones se habían hecho de manera clandestina y reveló a la revista local Noticias que Kirchner destinaba hasta un millón de dólares al año a gargantillas de perlas South Sea cuando aún ejercía como presidenta de la república.

Por otro lado, el actual presidente argentino Alberto Fernández, declaró ante la Oficina Anticorrupción (OA) un patrimonio de más de USD 50.000 en 2019, 70% más que en 2018. Si bien su patrimonio luce bastante humilde luego de analizar todo lo anteriormente mencionado acerca de Kirchner, hay que aclarar que la gran mayoría de los funcionarios en Argentina consigna los valores de los inmuebles con la valuación fiscal, dando como resultado un monto hasta cinco veces inferior al de mercado, impidiendo así que se conozca su patrimonio real.

Estos políticos que llegaron a sus cargos con promesas de igualdad, señalando a los más pudientes, son dejados en evidencia por su propia opulencia, esa que tanto critican en otros. Es el mismo Alberto Fernández que llamó a los empresarios “miserables” quien comparte gabinete con funcionarios que ganan en un mes lo que un argentino promedio no puede conseguir en un año ganando sueldo mínimo, el despilfarro del dinero de los argentinos les permite contar en el congreso con peluquería y comedor exclusivos que por ley (Art 9º de la Ley 20,984) tanto legisladores como exlegisladores pueden disfrutar.

Este gasto desmedido no se detiene en la clase política, otro ejemplo de la mala administración económica es la imprenta del congreso con 679 empleados (casi USD 200.000 en sueldos si cobran sueldo mínimo cada uno) y una biblioteca con 1613 trabajadores (más de USD 450.000) según el presupuesto de 2018. Aun estando en plena era digital, la cantidad de empleados en la imprenta es aproximadamente un 18% más que en 2016 y la de la biblioteca un 80% más que en 2004.

Todo esto se da en un contexto de crisis en el que ha estado envuelto el país aún antes de la pandemia, en el cual la Argentina se enfrenta a una deuda de USD 323.065 millones (el 89 % de su PIB) y una pobreza que abarcó más del 40% de la población durante el primer semestre de 2020 según el Instituto de Estadísticas (INDEC) y que el Gobierno mismo admitió. Para combatir esta crisis el Estado ha optado por impuestos más altos a los ricos (impuestos que la clase media terminara pagando de una forma u otra) y bonos que sirven de poco o nada a la población, todo antes de considerar el uso de los millones de dólares que destinan a enriquecer a los políticos y desperdiciar el dinero de los contribuyentes. La administración económica de Argentina se ha vuelto una enorme lista de cómo despilfarrar cantidades exorbitantes del dinero de una nación en crisis. Su situación es algo que, aunque no en esa magnitud, se repite en muchos de los países latinoamericanos y refleja lo que puede pasar cuando no se les pone un alto a estas políticas a tiempo y el Estado deja de velar por una administración consiente, justa e inteligente.