Afganistán y el papel de Estados Unidos en el mundo

Hoy amanece por primera vez en 20 años un pueblo, el pueblo afgano, dejado a su suerte en las manos de los talibanes.

Hoy amanece por primera vez en 20 años un pueblo, el pueblo afgano, dejado a su suerte en las manos de los talibanes mientras occidente hace poco o nada más que observar, y muchos piden que Estados Unidos juegue otra vez sus cartas como el llamado “policía del mundo”, papel por el cual en repetidas ocasiones la opinión pública lo ha juzgado.

Antes que nada, es necesario recordar, a grandes rasgos, la razón por la que el gigante americano entró en 2001 a Afganistán, y también las condiciones del inicio de la retirada de sus tropas en el territorio bajo la administración de Trump, la cual Biden continuaría.

Afganistán antes de la guerra

La paz le huye al país afgano desde tiempos inmemorables, pero uno de los hitos que más competen para entender el actual conflicto es la invasión soviética al territorio en 1979, a partir de la cual se intentó implementar un modelo de gobierno comunista, cuyas propiedades laicas causaron incomodidad en una población mayoritariamente religiosa. Ante esto, fundamentalistas islámicos se rebelaron, apoyados por Estados Unidos, e iniciaron una guerra interna que no vería su fin hasta la retirada soviética en 1989.

Sin los soviéticos, los insurgentes se dividieron en facciones y lucharon entre ellas por el poder. En este contexto los talibanes llegaron en 1996 a tomar la capital, Kabul, y un año después ya habían conquistado un tercio de la nación.

El régimen talibán se impuso como una teocracia que haría cumplir su propia versión extremista de la sharía, o ley islámica, la cual brilló por sus grandes atropellos a los derechos humanos, donde se veían especialmente perjudicadas las mujeres y niñas. Además, el gobierno se prestó para hacer de Afganistán el escondite de Osama Bin Laden y Al Qaeda, que le serviría además al terrorista y a la organización como campo de entrenamiento de extremistas, entre otras cosas.

El 11 de septiembre de 2001

Un mes después de los famosos atentados del 11 de septiembre de 2001 (el ataque más grande que se ha hecho al territorio estadounidense), la administración de George W. Bush tomó la decisión de perseguir a los culpables y tomar represalias. Así, con el apoyo de muchos otros países, dio inicio la invasión a Afganistán que terminaría con la toma de la capital, la destitución del régimen talibán y la celebración de unas accidentadas elecciones que traerían al poder en 2004 a un presidente respaldado por Estados Unidos. No obstante, los extremistas nunca perdieron la presencia total del territorio, y tropas de varios países (aunque mayormente estadounidenses) se mantuvieron en el país a fin de combatir el terrorismo de tal manera que no pudiera resurgir en aquellas tierras, además de ayudar a consolidar un gobierno y cuerpos de seguridad fuertes y estables capaces de defenderse (misión que no lograrían cumplir, como la rendición del presidente Ashraf Ghani y las tropas bien han demostrado).

La guerra se extendió demasiado, obligando con el tiempo a aliados de EE. UU. a retirarse, dejándolo prácticamente solo en un conflicto que no vería luces de final hasta el 2018, cuando las negociaciones para una retirada de las tropas iniciaron formalmente, y terminó por concretarse abruptamente hace poco bajo la administración de Biden.

20 años de guerra

Estos 20 años de guerra no fueron silenciosos, y estuvieron llenos de polémicos movimientos militares e irregularidades que hicieron cuestionar el papel de Estados Unidos como “policía del mundo”, papel que hoy muchos le piden retomar.

Uno de los hitos más importantes que se dio durante esos años en dicha materia fueron las filtraciones de WikiLeaks que revelaban secretos del Pentágono, entre ellas, por ejemplo, el uso ilegal por parte del gobierno estadounidense de la prisión militar de Guantánamo, en la que se privó de libertad a aproximadamente 150 personas inocentes, varias de ellas afganas y pakistaníes carentes de cualquier vinculación con el terrorismo, que eran entregadas a las tropas estadounidenses a cambio de una remuneración, y a quienes se les retuvo a fin de obtener información alguna. En algunos archivos, cabe destacar, ni siquiera se mencionaba la causa de la detención.

Pero esta guerra ha costado mucho más que detenciones arbitrarias. Según las Naciones Unidas, la cifra de civiles muertos supera los 32.000, y la de los heridos los 60.000. Todo esto únicamente desde el año 2009, cuando se empezó a llevar un registro, es decir, se desconoce la cantidad de víctimas que datan de los primeros ocho años del conflicto.

Por si fuera poco, en 2019, antes de la retirada de las tropas extranjeras del territorio afgano, los talibanes controlaban más territorio del que tenían en 2001 a comienzos del conflicto.

Estados Unidos la “policía del mundo”

Otro ejemplo del comportamiento estadounidense como supuesto cuerpo de seguridad mundial tiene lugar fuera de las fronteras afganas: en Irak, donde entre 2004 y 2009 más de 60.000 civiles fueron asesinados según filtraciones de WikiLeaks, cifra de la cual el Washington estaba al tanto. A esto se le suma el famoso ataque en el que murieron dos periodistas de Reuters junto a otras 10 personas.

Esto sólo si lo que se quiere es abstenerse de mirar lo que ha hecho EE. UU. fuera de Oriente Medio. De no ser ese el caso, para ilustrar mejor la violencia de los gobiernos estadounidenses basta con echar una breve mirada a, por ejemplo, la historia latinoamericana durante la Guerra Fría, región donde se establecieron varias dictaduras con el apoyo del gigante americano, y que cobraron la vida de miles de personas inocentes. En el caso de Chile, según informes de la Comisión de Verdad y Reconciliación, la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación, y la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, hay un aproximado de 2125 personas muertas y 1102 desaparecidas, similar a lo sucedido bajo otras dictaduras latinoamericanas que formaron parte de la operación Condor, como en el caso de Paraguay y Argentina.

Situaciones similares en las que se puede encontrar entre los involucrados a EE. UU. sobran alrededor del globo y a lo largo de la historia, esto es lo que pasa cuando Estados Unidos juega a ser el “policía del mundo”, y basándose en esto se puede llegar a preguntar: si Estados Unidos es el policía del mundo ¿qué clase de policía es? La respuesta es simple, EE. UU. no es tal cosa, de serlo, el término más apropiado sería “paco” (“paco” de la forma más despectiva posible), pues, en la mayoría de los casos cuando desempeña esa labor no le hace ningún bien a nadie salvo a sí mismo, y si lo hace es mera consecuencia de perseguir sus propios intereses, lo cual no es necesariamente malo, velar por sus propios intereses es lo natural en países soberanos, pero cuando la persecución de estos atenta contra los de otro pueblo no se le puede considerar como una suerte de “policía” a la que el mundo pueda acudir cuando tenga problemas.

No obstante, sea cual sea el interés que impulsa a EE. UU. a intervenir en asuntos exteriores, siempre debe tomarse en cuenta quién juega el papel, en este caso, del “malo” y el “peor”, pues el rol que puede desempeñar como potencia no debe subestimarse. Tal es el caso de Afganistán, en donde la intervención militar estadounidense podría, sin duda, significar un retroceso importante del avance talibán, y evitar así una considerable cantidad de atropellos a los derechos humanos, como lo sucedido con una madre que, según el relato que dio a conocer a CNN una de sus hijas, se negó a cocinar para los extremistas con la excusa de que era demasiado pobre, y como consecuencia fue golpeada con las armas de los talibanes hasta la muerte.

Quizás sea innegable que EE. UU. juega el papel del “malo”, pero es bastante obvio quién es el “peor” en estos casos. Tomando esto en cuenta, no sólo Estados Unidos, sino cada nación que pueda prestar ayuda debe proporcionarla, no como “policías”, sino como seres humanos en empatía con nuestra propia especie. Quizás no con las mismas estrategias de siempre que les impidieron en 20 años terminar una guerra y construir un ejército afgano decente, pero ayuda de alguna forma, algo que les dé una mínima esperanza a las personas inocentes que siguen en el país.